
PREFACIO

Es un hecho que las imágenes están en todas partes, ya sea en un soporte fijo o en movimiento. Y no sólo están ahí, sino que también tienen la capacidad de influir, de seducir y de comunicar emociones y sensaciones de un modo totalmente diferente a la palabra escrita.

Sin embargo, y a pesar de la gran fuerza que pueda ejercer una simple imagen sobre toda una sociedad, hay factores que corren en su contra. Uno de ellos sería la masificación. A causa de esa gran cantidad de imágenes que nos invaden, el mensaje que percibimos en ellas queda en ocasiones tan distorsionado que disminuye su capacidad de influencia sobre nosotros.

Pero si hay un factor importante que haya ido en detrimento de ese poder, ése ha sido el paso del tiempo. Aquellas imágenes que antes influían y eran capaces de provocar y comunicarse con el espectador y con la sociedad, hoy en día han perdido toda esa capacidad, ya sea porque en la sociedad actual ya no se aceptan aquellos valores socioculturales que llevaban implícitos dichas imágenes (el rol de la mujer en la sociedad, la identidad de género,…), o simplemente sea porque su mensaje haya quedado ya tanto en desuso que no consigue comunicar ni seducir al espectador.

Es como si, de alguna manera, las imágenes quedasen sin voz, enmudecidas por el desgaste y por el inexorable y forzado transcurso del tiempo. Para impedir que eso suceda, “la d muda” trata de otorgar una nueva voz a esas imágenes. Una voz que implique no sólo un nuevo mensaje sobre un nuevo soporte, sino la total desvinculación con los valores insinuados en su discurso inicial, permitiendo así una nueva comunicación con el espectador actual.
